Lo alimentos congelados llenan los frigoríficos de los hogares españoles

Los productos congelados ocupan cada vez más espacio en cualquier dieta y en las cámaras frigoríficas de los supermercados. Sus amplios periodos de caducidad o la seguridad alimentaria que proporcionan contrarrestan los aditivos que suelen contener.

Congelados

La rutina ideal pasa por comprar alimentos frescos a diario para completar el menú de cada semana.

Sin embargo, el ritmo de vida frenético en el que estamos inmersos hace que, en muchas ocasiones, tengamos que decantarnos por productos congelados. Una forma rápida de huir de la cocina que es compatible con llevar una dieta equilibrada.

Podemos hablar entonces de alimentos que compramos ya congelados en el supermercado o de aquellas sobras que guardamos en el congelador para que continúen llenando nuestro estómago en otro momento. 

Y es que desperdiciar nunca es una opción y los alimentos congelados son una buena forma de tener un fondo de armario con productos saludables para cuando no podemos comprar todos los días.

Estos inquilinos de los cajones congelados de nuestros frigoríficos cada vez ocupan más espacio en cualquier dieta y en las cámaras frigoríficas de los supermercados. ¿A qué se debe? Aunque la rapidez de su cocinado es un hecho, ya que no es necesario limpiar o preparar el producto, se abre también un amplio abanico de ventajas.

Congelados

Y es que los productos congelados implica que sean conservados a temperaturas inferiores a 0 grados, un frío extremo que logra matar a los gérmenes y las bacterias, asegurando la higiene y seguridad alimentaria de lo que comemos.

Comer con tranquilidad es un gran paso y si, además, te enteras de que no debes preocuparte por la fecha de caducidad de los productos congelados, no podrás rechazarlos. La congelación es una de las técnicas más utilizadas en la industria para poder conservar durante más tiempo los productos más perecederos. En el plano doméstico, se podría decir que se mantienen en buen estado durante un periodo de uno a seis meses y, en el ámbito industrial, pueden llegar a durar un año.

Si concretamos, hablamos de que la carne, según indican las tablas de conservación de organismos como la Agencia de Seguridad Alimentaria, puede mantenerse en buen estado entre 6 y 12 meses. El pescado, por su parte, aguantaría alrededor de 3 meses y el marisco, al igual que las verduras, hasta un año.

Aunque si hablamos de sobras, no se recomienda guardarlas durante más de 5 meses, debido a que han sido cocinadas previamente.

Congelados

Lo mejor de todo además es que estos amplios periodos de caducidad se consiguen sin la adición de conservantes, frío y el agua que contienen los alimentos se encargan del trabajo de conservación. 

Nuestra salud está satisfecha, pero nuestros caprichos también. Y es que el deseo imposible de comprar esos alimentos que no se encuentran en las estanterías de los comercios porque ya no están de temporada puede convertirse en realidad gracias al proceso de congelación

Los alimentos congelados nos permiten tener una visión global del panorama alimentario al que podemos acceder, ofreciéndonos la posibilidad de planificar las comidas de toda una semana sin errores ni desajustes.

Eso sí, nada de esto sería posible si no se lograse cumplir con la condición básica de cualquier congelado: mantener la cadena de frío. Si queremos que el producto mantenga su olor, su sabor y su color, es decir, sus cualidades, hay que coger los alimentos congelados en último momento en el supermercado, no exponerlos a temperaturas demasiado altas o utilizar bolsas específicas para transportarlos.

Luego, cuando lleguemos a casa, deberíamos emplear envases estrechos y planos para facilitar la congelación, dividir en porciones las grandes cantidades de comida, eliminar las formaciones de hielo de las paredes del congelador y etiquetar las bolsas o recipientes para no excederte en el tiempo de conservación.

Congelados

¿Cómo podemos detectar si los productos congelados han interrumpido su estado de frío?

Pues bastaría con tocarlo para comprobar que no esté blando y que el embalaje no esté roto.

El material o recipiente en el que guardamos los alimentos que, posteriormente, vamos a congelar es fundamental. Lo mejor es que el producto esté lo más pegado posible al envoltorio y, por ello, el envasado al vacío se convierte en el modo de conservación favorito. Aunque no hay que infravalorar los tuppers, pues son también una buena opción.

Otro gran paso es el de la descongelación, ya que, si se hace mal, el producto puede acabar siendo desechado. La regla básica de este proceso pasa por evitar servirse de la temperatura ambiente para que un alimento se descongele, pues las bacterias que estaban congeladas pueden multiplicarse rápidamente.

Lo más recomendable es sacar la comida del congelador más de 10 horas antes de consumirla y dejarla a temperatura de refrigeración, es decir, en la nevera.

Es cierto que hay quien prefiere utilizar el microondas para evitar las horas de espera. En este caso, se aconseja descongelar por porciones a la vez que se remueve el contenido. El calor del cocinado va haciendo que se pierda la congelación.

Congelar, descongelar y comer. Un proceso que va de la mano de los congeladores. Eso sí, como a más frío, mejores resultados, hay que elegir los que alcanzan temperaturas de entre -20 y -24 grados.

Alimentos congelados: una forma rápida de huir de la cocina

Realmente, cualquier producto puede venderse congelado. Desde carne, pasando por todo tipo de pescados, verduras, frutas, hasta llegar a los lácteos o cereales como el arroz. 

Y si queremos congelar en casa hay que saber que hay algunos alimentos que no congelan demasiado bien como las frutas, los huevos o las salsas o se producen reacciones indeseadas en los alimentos grasos como el jamón que se enrancia. 

Con todos estos consejos, el mundo de los congelados, una de las mejores formas de reducir el desperdicio de comida y planificar con antelación los menús de cada semana.

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