Tras recibir un diagnóstico médico nuestra primera reacción es googlear (por mucho que el doctor lo prohíba). En cambio, si una amiga nos muestra las realidades que esconde la industria animal le mandamos callar. ¿Por qué deseamos determinada información y rehuimos de otra? 

Quizás porque el corazón, que es sabio, intuye que al descubrir lo que esa información esconde se sentirá impulsado a actuar. Y no siempre estamos preparados para hacerlo. 

veganismo[Foto de Fuzzy Rescue en Pexels]

Mi primer flirteo con el veganismo empezó cuando cumplí 15 años. Llegué a casa un día y dije a mis padres que quería ser vegetariana. Mi madre, que detesta cocinar, me impuso cocinar como única condición. Así que me compré un libro de recetas (cuya única foto estaba en la portada, tenía su mérito cocinar con eso) y me puse manos a la obra. 

El cambio no me costó nada, al revés. Me hacía feliz al sentirme alineada con mi pasión por la vida animal. Cada noche hacía el recuento de cuántas vidas había conseguido salvar. 

Pero mi inmersión en esta forma de vida apenas duró un verano. En esa época el vegetarianismo y el veganismo eran prácticamente inexistentes, y me venció la presión del entorno: no fui capaz de afrontar el peaje social. Así que corrí un tupido velo y de nuevo me sumergí en un sistema en el que sonrientes animales decoran sus trozos en bandejas de porexpan. 

Pero el destino es caprichoso y los retos no resueltos siempre vuelven. Así que hace 3 años una amiga me recomendó el libro “Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas”. No necesité acabarlo para pronunciarme vegana. Esta vez sin marcha atrás. 

No fue por las prácticas que documentaban sus páginas. Ni por cuán bien argumentaba la sintiencia (e inteligencia) animal. Lo que más me impresionó fue esta reflexión sobre las posturas que podemos adoptar frente a una causa o realidad injusta (como en este caso la explotación animal).

veganismo animal[Foto de Brett Sayles en Pexels]

Cambiar de percepciones

La primera consiste en distorsionar la realidad. Aprender a ver los animales como si fueran objetos. Negar su capacidad de sufrir. Imaginarlos en el campo, pastando felices hasta el final de sus días. 

La sociedad en la que vivimos nos lo pone muy fácil para optar por ella. 

Cambiar de comportamientos 

La segunda requiere tomar conciencia de lo que pasa en realidad. A riesgo de descubrir una realidad incómoda. De dar luz al sufrimiento que alberga esta industria. Y disponer de apertura y coraje para modificar los hábitos que nos hacen cómplices.

Cambiar de valores

La tercera exige renunciar a valores como la compasión, el respeto, la equidad.  

Al tratarse de valores universales y humanos, me cuestiono si realmente es opción. ¿Alguien podría despertarse día tras día orgulloso de apoyar tales prácticas?

Un camino a tu medida

Cambiar de percepciones es, quizás, la alternativa más fácil. Pero mirar la realidad de frente y modificar nuestros hábitos nos regala la oportunidad de gozar de una vida íntegra. 

No es necesario volverse vegano de un día para otro. Si bien el veganismo puro es algo a lo que podemos aspirar, hoy en día es prácticamente utópico. 

Este mes de noviembre se celebra el Día Mundial del Veganismo. Personalmente me gusta entenderlo como una forma de vida en la que cada persona define su ritmo y ambición. Lo importante es iniciar su camino.

  • Empezando como aliado, apoyando a las personas veganas (evitando que se repliquen experiencias como la que viví a mis quince años).
  • Explorando, con curiosidad, la riqueza de opciones que brinda este estilo de vida. 
  • Incorporando, poco a poco, los cambios de los que seamos capaces: 
  • Sustituir la leche de vaca por bebida vegetal. 
  • Cenar en restaurantes veganos los fines de semana. 
  • Reducir el consumo de carne y pescado. El lunes primero. Los martes después. Y así hasta donde podamos llegar. 

[Foto de Picjumbo.com en Pexels]

Algunas personas llegaremos a ser flexitarianas. Otras vegetarianas. Y con perseverancia, incluso veganas. Lo importante será disfrutar del proceso y sentir el orgullo de ser parte del cambio. Porque solo así transmitiremos nuestra ilusión al entorno para cambiar el relato y transformar esta forma de vida en una alternativa aspiracional. Conseguir que lo que hoy es excepción se convierta en la norma. Y avanzar hacia una sociedad sin violencia donde abrazar los valores de salud, sostenibilidad y respeto animal.

Inés Echevarría

Fundadora de Uttopy

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