No es fácil abrir las puertas de tu interior a desconocidos. Mucho menos, exponerte desde una perspectiva profesional, pero llega un momento en la vida en que la edad suma y te ayuda a coger perspectiva, impulso y dejar las vergüenzas aparcadas.

Siempre me han llamado las causas sociales, no en vano empecé en una ONG, para seguir en una institución de educación continua y más tarde explorar la biotecnología gris. Sin embargo, tanto planeta en virgo le ha otorgado un sentido más práctico a mi carrera profesional. O al menos, eso dicen los que saben del tema. Vehiculada por la tecnología, las ventas y el marketing me siento como pez en el agua en el sector viajes. Un ámbito que hasta ahora me ha permitido saciar una inusual sed de conocimiento y colmar mi ego. Actualmente me encuentro en transición. Una transición continua, diría yo. Cuando los primeros signos de la vejez asoman a tu puerta, la manera de afrontar la vida cambia. Y a pesar de que seas de las que tomas el toro por los cuernos, afloran las inseguridades por todos los poros de tu piel.

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La llegada de la decadencia física en la que crees que te adentras conlleva asumir que estás fuera del mercado. De todos los mercados. Porque si eres mujer, te venden que tu valor social se desploma, ya que dejas de ser un activo sexual y no sólo dejas atrás el rol activo de procreadora, sino que probablemente también el de cuidadora. La invisibilidad social, sumada a los juicios sobre tu cuerpo emitidos por los más allegados te enfrentan a ti misma. Y así, empiezas a percibir que en poco tiempo pasarás a convertirte en una fea carga social. O eso es lo que nos intentan hacer creer.

Tengo 45 años, fui madre a los 37 y llevo casi un año con terapia hormonal sustitutiva para mitigar y prevenir los efectos de la pérdida de estrógenos en mi cuerpo y mente. De la crisis de pareja de la maternidad a la crisis existencial de la llegada de la vejez. Cuando has crecido convencida de que tu máxima en esta vida es cuidar a los demás, dejar de ser útil puede convertirse en una carga de lo más limitante y frustrante. El sentimiento de culpa por la acumulación de cansancio, por la falta de apetito sexual, por engordar con el aire que respiras, no hace más que apabullar tu estado emocional, que ya de por si tiene menos estabilidad que el peso argentino.

¿Os resuena?

El envejecimiento de la población hace tiempo que ocupa un lugar relevante en el seno político y económico de la UE, sin embargo la menopausia y sus efectos en todas las esferas de la vida de la mujer siguen estando ausentes en el discurso público y político.

En el último informe de igualdad de género de la UE, el índice de igualdad en salud figura como el más equitativo de entre todos los índices. En España podríamos decir que el índice casi alcanza la paridad absoluta pues está en 91.4 frente al 88.5 de la media europea. Este hecho podría ser una muy buena noticia de no ser porque las expectativas de años de vida saludable de hombres y mujeres se sitúa en ambos casos en los 63 años.

Cuando la esperanza de vida de las mujeres es de 86 años y la de los hombres de 80 años, este dato no es para nada alentador, pues normaliza que las mujeres tengamos unas expectativas de vida de dudosa calidad de 23 años, en contraposición a los 17 años de dudosa calidad de vida de los hombres. A pesar de que, según el informe, nosotras mantengamos unos hábitos de vida más saludables sobre todo debido a un menor consumo habitual de alcohol.

Afortunadamente, tal y como menciona Mckinsey Company en un reciente estudio. En la actualidad, académicos y profesionales de la salud han empezado a utilizar una óptica más amplia en los ensayos clínicos. Reconocen que la condición sexual biológica es un factor significativo en el desarrollo y progreso de muchas patologías que afectan de forma diferente a hombres y mujeres. Sobre todo aquellas vinculadas a enfermedades cardiovasculares o de forma desproporcionada, las enfermedades autoinmunes. Todas ellas con mayor riesgo de incidencia tras la disminución de los estrógenos en la menopausia.

Concretamente, en España ya hay algunas referencias que están activamente trabajando para disminuir el sesgo de la medicina androcentrista. Una de las más destacadas es la labor del genetista andaluz Guillermo Antiñolo, quien está trabajando en construir el primer genoma médico femenino. Este científico, catedrático en obstetricia y ginecología ha denunciado en diversos medios que la mujer envejece de forma distinta al hombre y una vez llega a la menopausia, lo hace «a doble velocidad”.

El conocimiento sobre el rol de las hormonas femeninas en el bienestar de la mujer es algo todavía por mejorar. Probablemente gracias a estas nuevas investigaciones y la labor de la divulgación, la rueda de la vida de nuestras hijas y nietas gire a una velocidad distinta y se tropiecen con menos obstáculos por el camino.

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Mientras la ciencia avanza, basado en la recogida de diversos testimonios y en nuestra propia experiencia, esta sección abre un espacio para proporcionar herramientas que nos ayuden a transitar la menopausia de forma positiva.

Marta Aparicio

Menopausia en Positivo

Womens Health Ambassador en Arediana

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