La Comisión Oceanográfica de la UNESCO: guardiana de océanos y zonas costeras

Con una trayectoria de más de 60 años, la Comisión Oceanográfica de la UNESCO apuesta por la investigación, la concienciación y, sobre todo, la cooperación internacional para velar por el bienestar de nuestras aguas

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Una organización intergubernamental que invita a conocer la importancia de nuestras aguas para aprender a cuidarlas

¿Conoces la Comisión Oceanográfica de la UNESCO (COI)? ¿Su origen, sus funciones o su importancia? En The Reason Behind te damos las claves.

Cada verano millones de personas se sumergen en los mares y océanos de playas de todo el mundo para nadar, jugar o, simplemente, relajarse. Sin embargo, pasada la temporada estival, nuestras aguas quedan abandonadas enfrentándose a las ingentes cantidades de plástico y basura que llenan los fondos marinos, a las edificaciones que no respetan la línea de costa o a los vertidos contaminantes.

Dos caras de una misma moneda a las que se enfrenta la UNESCO a través de la Comisión Oceanográfica, una organización intergubernamental que fomenta el aprendizaje sobre la naturaleza, los recursos de los océanos y las zonas costeras para concienciar en favor del cuidado del medio marino y el desarrollo sostenible.

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Pero no se limita solo a eso. La investigación y la apuesta por la cooperación internacional son también sus puntos fuertes. Sin los 148 Estados miembros y las decisiones que estos toman por consenso, la labor de esta organización no tendría sentido. Un pequeño puñado de países no podría salvaguardar el bienestar de tantos litros de agua.

La existencia de una comisión con estas características le otorga valor a las ciencias oceanográficas, un campo del conocimiento que pasa más inadvertido y esconde las claves para entender el clima, la disponibilidad de recursos vivos o los cambios en mares y océanos.

El bienestar de los océanos mundiales no es solo una preocupación actual, se le sigue la pista desde hace más de 70 años.

La Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO, creada en 1960, no fue, ni mucho menos, la idea primitiva. Si nos remontamos al final de la Segunda Guerra Mundial, ya hay datos de países que abogaban por compartir entre naciones conocimientos oceanográficos.

La primera gran iniciativa para el conocimiento de las aguas mundiales fue la Expedición Internacional del Océano Índico. Una gran aventura científica que permitió hacer nuevos hallazgos que fueron recopilados en atlas, libros y mapas. ¡Todo comenzó alrededor de las aguas que bañan las costas de África del Este, Oriente Medio, Asia del Sur y Australia!

Sin embargo, la presencia institucional de los océanos se hizo esperar, como bien cuenta Jens Boel en su libro “Historia de la UNESCO”. Propuestas de India y Japón para crear un organismo que velase por el estudio y protección de los océanos o el Año Geofísico Internacional, entre julio de 1957 y diciembre de 1958, colaboraron en el despertar de las aguas como asunto político internacional.

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El pistoletazo de salida definitivo para la creación de la Comisión partió de Copenhague.

Fue una conferencia oceanográfica, en julio de 1960, en la que representantes de diversos países apostaron por su fundación. Por fin se empezaban a colocar nuestras aguas en un lugar prominente.

Un simple cálculo nos sitúa ante los 60 años que lleva operativa la Comisión Oceanográfica Intergubernamental. Seis décadas de investigaciones avanzadas, de progreso oceanográfico en países en desarrollo, de intercambio de conocimientos y de protección de los océanos.

Los proyectos ambiciosos constituyen su línea de acción. La creación del Intercambio Internacional de Datos e Información Oceanográficos, que facilita la transmisión de información entre países, o el Sistema de Alerta contra los Tsunamis y Atenuación de sus efectos en el Pacífico, que busca salvar vidas y servir como modelo de actuación, son algunos de ellos.

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Toda preocupación es poca para preservar la biodiversidad marina.

Su conservación es una tarea conjunta. Por ello, la UNESCO plantea un diálogo internacional que debe caminar hacia la concienciación de la ciudadanía. Como si de una relación de pareja se tratase, se ponen todos los medios posibles para que el vínculo con el océano no se rompa.

A quien pregunte por la necesidad de darle un carácter intergubernamental a la cuestión oceanográfica se le puede explicar la imposibilidad de obtener resultados eficientes sin recurrir a una escala mundial, los inabarcables costes que tendría que asumir un país si quisiese encargarse solo de la gestión y coordinación oceanográfica, la concepción de los océanos como un valor universal o la facilidad para intercambiar datos y tomar decisiones conjuntas con un vínculo intergubernamental de por medio.

 “Cuanto más saludable y resiliente sea el océano, más positiva será su contribución al medio ambiente y las dimensiones social y económica del desarrollo sostenible, y viceversa”.

Objetivo de Desarrollo Sostenible Nº14 de Naciones Unidas.

En definitiva, los océanos no están solos. La UNESCO y un amplio panorama internacional les intentan cubrir las espaldas, pero, los ciudadanos también deben sumarse a su cuidado para que la combinación sea perfecta.

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