Entrevista a Isabel Sánchez Tejado, presidenta de ASENORG y fundadora de la Escuela de Turismo Generativo

Escuela de Turismo Generativo

Isabel Sánchez Tejado es presidenta de la ASENORG Asociación Empresarios Gredos Norte y fundadora de la Escuela de Turismo Generativo. En su trayectoria profesional vemos IBM, o PriceWaterhouse, o empresas de software como Meta4. Isabel no es que sea luchadora, es que tiene una historia de vida que la convierte en la lucha misma. Con el apoyo de sus hermanos, a quienes la vida les dió una orfandad demasiado prematura, consiguió recuperarse de un negocio que no funcionó refugiándose en Gredos.

Allí creó su Escuela de Turismo Generativo desde donde ayuda a trasformar territorios rurales en destinos de turismo sostenible. Se llama “generativo” porque aprovecha lo que existe y genera nuevos negocios y nuevos puestos de trabajo, fijando la población en el territorio, luchando así contra la despoblación.

A Isabel no hay que perderle la pista. Esta mujer tiene mucha cuerda. El último proyecto que tiene entre manos es un podcast que se llama “Mundo rural en positivo con Rakel Sanes en el que dan voz a todos los que trabajan en el mundo rural, que va más allá de la agricultura y la ganadería.

Lo fácil es decir que hay que educar a la gente, pero también tenemos que dar ejemplo los que vivimos en el mundo rural

Isabel Sánchez

¿Qué te llevó a crear esta empresa?
Durante 10 años estuve trabajando en territorios rurales. Todo empezó en Gredos en 2011 cuando me hice cargo de una asociación local de empresarios que iba a cerrarse por falta de actividad. Yo me había venido a vivir aquí y les propuse darle una vuelta y resucitarla.

Nos pusimos manos a la obra un montón de gente e hicimos grupos de trabajo para desarrollar las bases de un destino sostenible en el territorio. Nuestro gran objetivo era poner Gredos en el mapa del mundo. Empezamos a trabajar con cosas que realmente definían a Gredos: cielo limpio, un paisaje espectacular en primavera, la montaña, las aves, la gastronomía y sus tradiciones. Se creó un festival, se clasificaron aves, se crearon jornadas gastronómicas… Conseguimos implicar a las instituciones locales y regionales.

A partir de aquí me empezaron a llamar de otros territorios para replicar estos resultados a través del método que había desarrollado. Cuando llegó la pandemia todo se paró y decidí crear la escuela, en donde hay cursos de cómo aplicar el Modelo de Turismo Generativo.

¿Cuál es el éxito más importante que habéis conseguido?
A mí me parece que el proyecto fue un éxito y conseguimos los objetivos que nos habíamos propuesto. Hemos creado puestos de trabajo como los monitores esterales, casas rurales con su certificación, nuevos observatorios, establecimientos especializados en la observación de aves, hemos desestacionalizado la oferta, etc.

El tipo de turismo que atrae, tiene un poder adquisitivo medio/alto, es respetuoso con el entorno y está feliz de estar en buenas casas rurales y disfrutar de la gastronomía local.

¿Qué proyectos tienes pendientes de desarrollar?
Me acaban de proponer, desde una Universidad latinoamericana, hacer un máster de turismo de interior y me parece súper interesante. Me encanta la idea, pero tengo que ver cómo trabajaré con una institución tan grande y con todo tan estructurado. Supongo que el querer hacerlo muy bien me preocupa y, por otro lado, sé que me dará muchas satisfacciones.

Sierra de Gredos[Foto de Aníbal Trejo]

¿Cómo motivamos a la gente de ciudad para que entienda y practique el turismo sostenible?
Es un reto. Lo fácil es decir que hay que educar a la gente, pero también tenemos que dar ejemplo los que vivimos en el mundo rural. Yo llevo la sostenibilidad en el ADN. Mis abuelas recuerdo que eran las grandes recicladoras. Lo usaban todo. Y eso son los valores que me han transmitido. Eran de pueblo y nunca les faltó de nada, pero no hacían alarde de despilfarro. Los restos de comida se clasificaban: esto para las gallinas, esto para los cerdos, o incluso para los perros. Los papeles servían para encender la chimenea. Ellas me enseñaron la palabra “condurar” que
viene a significar no despilfarrar o derrochar.

Para mí ha sido muy sencillo aplicar esta filosofía a mi día a día. De hecho, me cuesta mucho tirar cosas. Para que te hagas una idea, me encanta la jardinería y hago centros con lo que me ha sobrado de podar. Ahora, en los restaurantes de los alrededores decoro muchas veces las mesas o incluso, a veces, alguna boda.

Yo la sostenibilidad la veo como una filosofía de vida. La vida te regala muchas cosas en la naturaleza y no tienes que desaprovecharlas. A los que vienen a Gredos, les recomiendo que hagan baños de bosque (shirin yoku en su origen japonés) para desestresarse. Es disfrutar del campo con los cinco sentidos, cosa que te ayuda a sentir la naturaleza completamente.

En 2084, ¿cómo te imaginas tu empresa?
Por lo que yo creé la escuela es porque me di cuenta de que yo sola no tenía capacidad de llegar a muchos sitios. Mi visión es que, cuanta más gente sepa hacer lo que yo hago más posibilidades hay de que los territorios rurales tengan un modelo sostenible que les ayude a sobrevivir.

Intento dejar este legado para que los territorios que están en riesgo de despoblación puedan tener una oportunidad. También es verdad es que los territorios tienen que tener un potencial de recursos, porque si no difícilmente podrán hacerlo… El turismo solo no funciona, tiene que estar combinado con agricultura y la ganadería, porque si no conviertes a esas zonas en parques temáticos para que vengan los turistas. Hay que tener en cuenta a la gente de la zona y respetar su idiosincrasia, su modo de vida, y proporcionales cauces de colaboración.

A mí me gustaría pensar que el turismo rural, a través del modelo de Turismo Generativo, se convierte en parte de la economía de esos territorios que ahora tienen un problema.

Comentas que llevas la sostenibilidad en el ADN, así que ¿del 1 al 10 cómo de sostenible te consideras?
Yo creo que soy un 8 o un 9 por el tipo de vida que hago. No me pongo un 10 porque tengo un coche antiguo.

Vivir en el campo te permite tener más pautas de sostenibilidad. Yo no genero tanta basura, por ejemplo. Quemo en la chimenea todo el papel y el cartón, guardo los restos de comida para las gallinas de mis vecinos, aprovecho la verdura más madura y hago cremas y las congelo. Abono el huerto con el estiércol de las ovejas del pueblo de al lado. Toda la poda que hago la reaprovecho en centros de flores o hago hatillos de palos.

El otro día hablaba con una mujer interesantísima que está recuperando la lana merina en España y dándole valor, Martha Peach. Y ella hablaba de un proyecto circular completo: cómo la lana sirve para hacer prendas, pero puede convertirse en compost para la tierra. Ese es el espíritu. Cuando vives en el campo aprovechas muchas cosas.

mundo rural[Foto de Antonio Cabanillas]

A nivel personal, ¿en qué aspecto social / ambiental te has involucrado más y qué crees que te ha llevado a ello?
Para mí lo más importante es la conservación de la naturaleza y ahí se mezcla lo personal con lo profesional. He hecho de ello mi profesión. A mí los desbroces me dan mucha pena y me parecen un drama los incendios. Yo no veo al turista como un destrozador del entorno, más bien como parte del modelo generativo que necesitan los territorios rurales en riesgo de despoblación. Los turistas son generativos porque colaboran con sus compras y su comportamiento sostenible, a mantener el ecosistema rural.

Por Gloria Almirall

Top Category Manager de Reasons en The Reason Behind

Experta en Comunicación Corporativa y profesora en ESRP

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