Entrevista a Leo Soibelzón. Grandes extinciones, ecoturismo y expediciones en la Antártida

Hablamos con Leo de las grandes extinciones que ha habido en el planeta, pero también de ecoturismo y expediciones a la Antártida

Antártida

En The Reason Behind entrevistamos a Leopoldo Soibelzón, investigador del CONICET, Expedition Leader de la Antártida, Licenciado en Biología y Doctor en Ciencias Naturales.

Apasionado del deporte y enamorado de su profesión, Leo desborda energía y entusiasmo, además de un profundo amor y respeto por la biología, la preservación del entorno y el cuidado por la biodiversidad de nuestro planeta, especialmente, de América del Sur y la Antártida.

Como biólogo, tiene un doctorado en Ciencias Naturales por su trabajo acerca de “Osos, fósiles y actuales en América del Sur” y un Postdoctorado sobre los “Procesos de extinción del último periodo glacial”.

Con sus trabajos e investigaciones ha recorrido medio mundo. Desde su Argentina natal, pasando por Estados Unidos, Inglaterra, España, Francia, o el círculo polar ártico en Noruega, hasta la misma Antártida, en donde realiza expediciones y trabajos habitualmente.

La pasión y el entusiasmo de Leo es contagiosa. Cuenta sus experiencias como una aventura que a todos nos encantaría vivir alguna vez.

“Desde muy chiquito he tenido pasión por la navegación. Siempre estuve relacionado con el río o con el mar. Cuando era pequeño, vivíamos en una zona cercana al Río de la Plata, y a unos 10 km de allí hay una serie de islas en el río y yo sentía una fascinación enorme por esas islas.”

Nos cuenta la pasión que siente por navegar desde que era niño. Cuando tenía 12 años quiso que su padre le comprara una canoa para poder recorrer todas esas islas navegando. Quería vivir la experiencia: dormir en ellas y ver los animales.

Pero su padre, ingeniero y su madre licenciada en matemáticas, no veían una buena idea aquel despliegue para que Leo tuviera un contacto tan directo con las islas y la naturaleza que en ellas había.

Sin embargo, no se dió por vencido y junto a un amigo comenzó a hacer pequeños trabajos, o changuitas como lo llaman en Argentina, para ahorrar y comprar una canoa.

Cuando lograron tener el dinero reunido, compraron la canoa que dejaban escondida cerca del río. También a escondidas iban en bus desde casa hasta el río para coger la canoa y navegar. Ahí comenzó a brotar la pasión de Leo por la naturaleza y por el mar.

Pregunta. Eres profesor titular en primer año la Universidad Nacional de la Plata, en Argentina. ¿Cómo es tu faceta como docente universitario?

Respuesta. Tengo 29 años de antigüedad como docente. Siempre me interesó mucho la docencia, me gusta mucho enseñar, es parte de mi. Soy docente desde el segundo año de universidad cuando era estudiante, empecé como ayudante de cátedra.

Ahora soy profesor titular y doy clases en el primer año de carrera porque me gusta estar en contacto con los alumnosmás jóvenes. Quiero inspirarlos, entusiasmarlos y proponerles muchas cosas para que ellos quieran seguir dentro de la universidad y no la abandonen.

Yo llegué a la Universidad pensando en Jacques Cousteau y en Indiana Jones, no había mucho más. Los chicos hoy, aunque no sepan quién es Jacques Cousteau, llegan pensado en ser como algún otro, y no quiero que les tiren un cubo de agua fría. Quiero alentarlos y mostrarles la realidad que existe. Lo que yo vivo, sin fantasías pero con ilusión.

Yo trabajo algunos meses al añoen la Antártida, en su invierno. Con motos de nieve, viviendo en campamentos, trabajando con focas. Eso es posible y se puede hacer, de hecho yo lo hago, e intento inculcarles que el esfuerzo y perseverar en esto lleva a este tipo de trabajos apasionantes.

Si uno tiene la energía, las ganas y la convicción de seguir hacia adelante, es posible. Me gusta contagiar eso: entusiasmo y ganas, mostrar que se puede.

P. Aparte de profesor universitario, también eres investigador del CONICET, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina que es el organismo que se dedica a la promoción de la ciencia y la tecnología del país. ¿De qué modo formas parte de él? ¿En qué consiste tu trabajo allí? ¿Qué estás investigando ahora mismo?

R. Sí, actualmente soy investigador principal del CONICET, tengo la categoría más alta a la que se puede aspirar. Son 5 categorías a las que se accede por concurso, ingresando siempre a la categoría más baja, y a medida que va pasando el tiempo y cumpliendo con una serie de condiciones, podés ir concursando los ascensos.

En la categoría en la que yo me encuentro, lo que más me pide el CONICET, más allá del estándar de publicaciones anuales para revistas científicas de alto impacto, es que forme recursos humanos, es decir que tenga becarios doctorales o estudiantes de doctorado y que de clases en la universidad generando proyectos de extensión universitaria para llevar el conocimiento generado en la universidad al pueblo.

Esto lo hice siempre yo de todas maneras, porque me parece que los científicos e investigadores tenemos, de algún modo, una deuda con la gente. La sociedad paga nuestros salarios como investigadores, por tanto lo menos que podemos hacer es devolverselo a la gente mediante la bajada del conocimiento que generamos en forma de divulgación.

Creo que es de las actividades más importantes que tenemos los científicos, y que lamentablemente, una gran parte cree que es una actividad menor. Más allá del valor científico de nuestro trabajo, el verdadero valor que tiene es poder generar conocimiento para la gente. Contar lo que vos aprendiste.

En cuanto a en qué estoy trabajando ahora, mi trabajo tiene que ver con la evolución y extinciones de las faunas de mamíferos en América del Sur. Trabajo en este tema desde mis estudios de postdoctorado. Estoy especializado en ello, y he dirigido tesis doctorales al respecto.

P. Entre los trabajos e investigaciones que has hecho a lo largo de estos años, se incluye tu estancia en Noruega investigando el hábitat de los osos pardos. Junto al equipo, buscábais la relación entre ellos y los ganaderos de la zona. ¿Cuáles fueron las conclusiones del trabajo?

R. En Noruega fui parte de un equipo de investigación para estudiar la relación que hay entre los osos y los ganaderos en un mismo hábitat. Concretamente, el estudio consistió en seguir a los oso pardos para entender cuánto espacio necesitan en su desarrollo.

La cuestión principal era descubrir y comprobar qué necesitaban los osos para sobrevivir en aquel entorno sin tener que cazar el ganado de los ganaderos de la zona.

El trabajo del equipo consistía en seguir una serie de osos que llevaban un radio collar que otros compañeros les habían colocado previamente y hacerles seguimiento. En concreto, mi trabajo era un trabajo de base, es decir, descubrir y entender cuál es el tamaño mínimo necesario del entorno que ellos necesitan para su subsistencia.

Anestesiábamos a los osos para poder quitarles el radio collar y cambiarles la batería, se los volvíamos a poner y aprovechamos los minutos de anestesia para pesarlos y medirlos y también para recoger algunas muestras antes de liberarlos.

A raíz de este estudio, en lugar de permitir a los ganaderos que maten a los osos que les habían causado pérdidas de ganado, el gobierno noruego tomó la decisión de pagarles esas pérdidas por el ganado perdido, y les concedían rebajas en determinados impuestos buscando el aliciente en tolerar la presencia de los osos.

P. A colación con este caso de la relación de los osos pardos con las poblaciones de humanos que habitan cerca de su entorno, ¿qué pasaría si en otras zonas del mundo se re-introdujera animales ya extinguidos? Especialmente depredadores.

R. Ese es un experimento muy tentador de hacer. Hay alguna experiencia relacionada con ello en algunas partes del mundo. Por ejemplo, acá en Argentina en algunos parques nacionales se han introducido nuevamente depredadores o especies que habían sido expulsadas.

Mira, en Argentina había pumas, y los mataron en lo que llaman la Conquista del Desierto, que en realidad no era desierto porque había aborígenes y fauna, pero el europeo lo veía como un desierto. Al conquistar el territorio se expulsó al jaguareté, es decir al jaguar.

Los jaguares en aquel momento de la historia llegaban hasta la mitad de Patagonia, pero si yo hoy te pregunto a vos dónde habita el jaguar, me dirás que en la selva. El jaguar no vivía solo en la selva originariamente, vivía en una cantidad enorme de ambientes de los que fue expulsado. Ahora habita en la selva porque es el único lugar al que el ser humano todavía no accede regularmente porque es un ambiente hostil.

Lo mismo ocurrió con el lobo ibérico en zonas de España, hay un montón de ejemplos de este tipo por todo el planeta.

A parte, la extinción de un depredador genera una cascada de consecuencias ecológicas muy importantes. Es como un efecto dominó, hacia abajo del depredador cambian un montón de cosas. Si vos sacás al carnívoro del entorno, el herbívoro que era su presa aumenta a nivel poblacional y se transforma en una plaga. Esta plaga se come todas las especies de pastizales que habitualmente comen, lo que genera un cambio enorme en la biodiversidad de esa especie vegetal. Eso supone que insectos y abejas no puedan alimentarse de esos vegetales ni polinizarlas. Si seguís yendo hacia abajo, llegás a las bacterias, o sea que no es una broma.

No sé qué opinión tiene la gente de esto, pero la mía es que, a veces los humanos jugamos a ser Dios, y este juego de ser Dios no sale gratis ni para la naturaleza ni para los entornos. Realmente no tenemos la capacidad de jugarlo bien porque no conocemos las consecuencias que puede dejar.

Por ejemplo, he leído que está habiendo estudios para hacer una inversión millonaria de dólares en clonar a un mamut en Siberia. Si podés invertir 200 millones de dólares, invertirlo en proteger lo que todavía queda, no en experimentos delirantes como los de clonar un mamut, entre otras cosas porque jamás vas a tener un mamut real porque partís de trozos del ADN de un mamut que se los vas a poner al genoma de un elefante asiático, entonces no tendrás jamás un mamut sino una especie de elefante-mamut.

¿Qué sentido tiene generar eso? Traer al ecosistema actual a una especie que hace 10 mil o 15 mil millones de años se extinguió. Ese juego de creer que somos Dios me parece muy peligroso.

La catástrofe que genera el ser humano es incomparable a cualquier otro impacto que pueda tener otra especie.

En expediciones y haciendo investigaciones y trabajos, Leo ha estado muchas veces en la Antártida.

P. Sumado a todo lo anterior, parte de tu vida profesional la pasas en la Antártida, de hecho has estado en muchas ocasiones participando en algunos estudios y proyectos como investigador. ¿Cómo llegas a trabajar en un lugar tan espectacular como ese? ¿Cómo es la experiencia de estar en un entorno así?

R. En España, para ir a la Antártida, tenés que contactar con el Comité Polar Español, en Argentina lo tenés que hacer con la Dirección Nacional del Antártico, que es el organismo equivalente. Ambos regulan toda la actividad científica dentro de la Antártida de sus respectivos países.

La Dirección Nacional del Antártico tiene un cuerpo de investigadores fijo, pero está compuesto por unas pocas personas, por lo tanto invitan a investigadores externos a trabajar con ellos en los proyectos.

En el año 2002 recibo por primera vez una invitación para participar en una campaña con elefantes marinos y ahí es donde entro yo a trabajar con ellos en la Antártida. Imagináte, tenía una locura tremenda con ir a la Antártida, un sueño que he tenido durante toda mi vida.

A partir de aquí, fui participando en diferentes proyectos de investigación con investigadores de la Dirección General del Antártico en diversos temas tales como trabajos con focas de Weddell o con focas Cangrejeras, he participado en proyectos de investigación con pingüinos emperador, la especie de pingüino más grande que existe.

P. ¿Cuál es el objetivo de este tipo de estudios en la Antártida?

R. El objetivo general, el común denominador de la mayoría de los proyectos que tienen que ver con el trabajo con mamíferos en la Antártida están relacionados con conocer la biología de base.

Es decir, dar respuesta a preguntas como: ¿en qué momento está el animal? ¿Cuáles son las condiciones sanitarias de esa población de mamíferos? ¿En qué momento del año se alimentan estos mamíferos? ¿Lo hacen todo el año? ¿De qué se alimentan? ¿Cambian o no su alimentación durante el año? ¿Qué parásitos tienen? En el caso específico de las hembras: ¿en qué momento dan a luz a sus cachorros? ¿Cuántos cachorros tiene una hembra a lo largo de toda su vida?

Estas son las preguntas de base y hay muchas de ellas que no se saben.

Para recabar esta información, lo que hacemos los investigadores es escoger a una muestra del tipo de mamífero que se está estudiando y les suministramos un tranquilizante para tomarles el peso, las medidas, y también tomamos diversas muestras aprovechando el momento porque la logística de trabajar con estos animales en un entorno como la Antártida es muy complicada, por tanto hay que aprovechar esa situación muy bien.

P. ¿Cuántas personas vais a estas expediciones en la Antártida y cómo os organizáis para llegar hasta allí?

R. Cuando vamos en invierno a hacer el trabajo del que yo participo, nos desplazamos en avión, normalmente en un Hércules de la Fuerza Aérea Argentina. Salimos lo más al sur posible de Argentina, desde la ciudad de Río Gallegos haciendo entre 3 horas y media y 4 horas de vuelo, dependiendo del viento, hasta la base Marambio, la principal estación científica y militar permanente de Argentina y una de las principales de toda la Antártida.

Una vez que hemos llegado a la base en avión, desde ahí nos movemos en sexticiclo o moto de nieve de seis ruedas, hasta nuestros refugios. Los refugios están sin uso 8 meses al año, por lo que nos lleva unos tres días ponerlos en marcha de nuevo para que todo funcione correctamente.

Una vez que logramos poner el refugio en marcha, a la noche no hay calefacción porque hay que apagarlo todo a menos que quede una persona de guardia. Apagás todo y tenés -15, -25 o menos -30ºC dentro del refugio. Dormís adentro de tres sacos de dormir casi.

Con esta temperatura, si no te ponés las latas de gaseosa dentro del saco de dormir, explotan durante la noche. Imagináte despertar porque estallan las latas, una locura. O sea que no tiene precisamente las comodidades de un hotel los refugios allá.

P. Cuando pensamos en un lugar como la Antártida, a casi todos nos viene a la cabeza un lugar virgen, muy poco explorado, con una biodiversidad muy rica y variada pero quizá algo frágil ¿Es correcta esta idea del lugar? ¿Cómo es la biodiversidad realmente de la Antártida?

R. La biodiversidad de la Antártida, más que frágil es prístina, aunque lo cierto es que cada vez menos. Una biodiversidad prístina quiere decir que es primitiva y original del lugar.

Son ecosistemas que no están afectados por la presencia humana, no hay emanaciones de dióxido de carbono, ni contaminación. No hay grandes variaciones de temperatura y son ecosistemas con un equilibrio muy delicado, y en la Antártida, ese equilibrio es patente.

Allá vos no podés tocar una pieza en el tablero de ajedrez sin afectar al resto del tablero. Aunque es cierto que estamos empezando a ver cómo estamos afectando su biodiversidad con lo que hacemos en el resto del planeta. Se ha detectado algo de contaminación alrededor de las bases científicas, consecuencia de que en el pasado se vertieran residuos sin ningún tipo de cuidado al mar. Te diré más, alrededor de algunas bases hay grandes depósitos de chatarra en desuso.

Al planeta Tierra lo estamos afectando y castigando por todos lados, entonces es muy difícil que las consecuencias no lleguen también a la Antártida.

De hecho, si el ser humano llegase a instalarse en la Antártida, se la cargaría como se ha cargado el resto del planeta. Ocuparía los territorios y lentamente iría expulsando a la fauna y el lugar nunca más volvería a ser lo que es hoy. Las personas tenemos un efecto muy grave sobre los ecosistemas.

Solo con estar ocupando el territorio estás afectando a todo lo que hay alrededor. Por ejemplo, las bases científicas se instalan en lugares libres de hielo, como en lugares rocosos porque no se pueden instalar donde va a acabar habiendo unos 7 u 8 metros de nieve. Pues bien, esos lugares también son los elegidos por los pingüinos para generar sus pingüineras. De hecho si fueras a la Antártida, podrías comprobar que la mayoría de las estaciones científicas están rodeadas de pingüineras. Por tanto, estás afectando a esa colonia de pingüinos simplemente por la ocupación del territorio.

P. ¿Podríamos decir que la Antártida y el Amazonas son, en la actualidad, las dos zonas del mundo mejor protegidas de las consecuencias del ser humano?

Lo eran. Eran las zonas más protegidas. Ahora el Amazonas arde a diario, queman hectáreas y hectáreas de bosque para posteriormente plantar soja.

Por tanto, hoy por hoy, el único lugar que queda es la Antártida. Sin embargo, tenemos barcos turísticos que empiezan a masificar la zona. De hecho, el crecimiento del turismo antártico es exponencial año a año.

Esto no es gratis: el ruido de las embarcaciones, el calor que generan los motores, los desechos contaminantes que van al agua procedentes de estos motores… Aunque es también cierto que hay esfuerzos por minimizarlo.

P. Siguiendo con la Antártida, también eres IAATO Expedition Leader. Cuéntanos más, ¿qué supone ser un expedition leader en la IAATO?

R. La International Association of Antarctica Tourism Operators o IAATO es un organismo internacional que junta a todos los operadores turísticos antárticos. Fue fundada en 1991 por siete empresas y su objetivo principal como asociación es defender y promover la práctica de viajes seguros y ambientalmente responsables del sector privado a la Antártida.

Lo que hace es proveer de normas y reglamentos para el turismo que se organiza en la Antártida supervisando la actividad de los operadores para que aquello no sea un descontrol. Porque una cosa es que vayamos cuatro personas en un velero a navegar por allá y otra cosa es que vaya un buque de dos mil pasajeros. Esto podría generar en pocos años un cataclismo en la Antártida.

Cuando surgió la oportunidad de llevar turismo a vela a la Antártida, junto a mi amigo Pedro Jiménez Torrecillas, que es español por cierto y con el que ya habíamos navegdo juntos por el Pacífico, ideamos una pequeña empresa casi familiar, llamada Alegría Marineros Expediciones. Con esta empresa llevamos turismo sostenible a la Antártida. Para poder hacerlo, hay que pertenecer a la IAATO, así que me formé como expedition leader.

La función de un expedition leader es la de supervisar todo lo que tiene que ver con el movimiento del barco dentro de la Antártida. No tanto tomando decisiones de navegación, sino tomando decisiones como dónde se puede descender del barco y cuántas personas se pueden bajar, qué hacer una vez estás en la playa o en la montaña allá, mostrar los animales del entorno. Es un poco un guía turístico.

En mi caso concreto, yo me llevo libros y prismáticos y les muestro las ballenas y hablamos de los tipos de ballenas que hay, y de otras expediciones a la Antártida, de geología… de todo, son increíbles estas experiencias.

“La vida ha vuelto a empezar de cero entre 3 y 5 veces en el planeta Tierra”

P. Cambiando de tercio Leo. A lo largo de la historia de nuestro planeta, hemos vivido grandes extinciones, ¿podemos decir que en la actualidad estamos viviendo una de ellas?

R. En el pasado han habido enormes extinciones globales que destruyeron absolutamente toda la vida del planeta. Atención con esto: la vida ha vuelto a empezar de cero entre 3 y 5 veces en el planeta Tierra.

Por ejemplo, hace unos 252 millones de años la extinción de la era Paleozoica y con ella la desaparición masiva de especies o hace 65 millones de años, en el límite Cretácico-Terciario cuando se extinguieron los dinosaurios.

Otro ejemplo es que los planes estructurales de los organismos vivos actuales son completamente distintos a los de la fauna de Ediacara que habitaba en la Tierra durante el periodo Ediacárico, hace 635 millones de años. Esta fauna representa a los organismos multicelulares complejos más antiguos conocidos dentro del nivel macrocelular de complejidad biológica. Son faunas que se extinguieron completamente, no quedó nada.

O sea, que las extinciones son procesos que se han vivido múltiples veces en el planeta Tierra. En algunos casos son consecuencia de catástrofes como el impacto de un meteorito, en otros casos es debido al cambio climático y la ocupación humana del hábitat como ocurre en la actualidad.

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